La noche se abre ante mí desierta. No tengo más preguntas, más dudas: lo sé. Sé lo que tenía que saber y el dolor rompe por todas partes. Demasiado dolor. El teclado del ordenador suena fuerte mientras escribo estas líneas. Las teclas me hacen sangre… Cuando el dolor es demasiado y las palabras demasiadas no salen y callo con los ojos abiertos de pánico, a la espera de algo que jamás llega, porque ni yo misma sé qué es lo que espero… Todo es demasiado para mí: demasiado dolor, demasiadas palabras en mi cabeza y de ella no salen… Porque están enredadas en sentimientos demasiado fuertes.