Escritos nocturnos

domingo, 02 de diciembre de 2007

$>no puedo dormir

Una calle mojada, resbaladiza; unos pasos apresurados; dolor en las plantas de los pies; mente llena de nubes borrosas.

A veces pensar es difícil cuando una única imagen te invade. Se paraliza en ella y no sales de un abismo en forma de círculos concéntricos. Me llamaron neurótica...
Veo una película mientras camino y no palabras, mi pensamiento es un poema, quizás, de fotogramas -Ojala fuera directora de cine, pero no lo soy- De nuevo un deseo que se filtra, como si nada, en la imagen. Yo funciono así. Mi cabeza funciona así. Imágenes y deseos que se entrelazan a velocidad de vértigo. A menudo dan paso a la angustia y pido que me arranquen el corazón.

Dos notas de música al pasar por un bar: Maná. Y de repente le encuentro sentido a una música que jamás había escuchado. Otro bar, otra canción. Cada bar tiene su tipo de gente y no me encuentro bien en ningún sitio. No encajo aquí. Mis pasos siguen huyendo. Pienso en una imagen: color azul intenso teñido de sangre. Una herida. No digo nada, ni siquiera mentalmente. Sólo veo sangre y mi herida se funde con la imagen. Escucho el silencio.

Huele a lluvia, mi olor preferido. Paso por una tienda, no sé qué venden, sólo veo que han puesto el Belén y las luces. Del Belén me quedo con el olor del musgo. La lluvia tiene hoy un sonido distinto. Necesito sonidos, necesito música... Pero no me llegan más que canciones mentales.

Paso página, paso de mis imágenes mentales y observo una silueta que se acerca despacio. Primero es un borrón que se va haciendo más grande. Poco a poco se va dubujando su cara y en su cara una sonrisa inteligente. ¿Por qué no seré yo así? Envidio a las personas felices, porque lo son: porque yo lo era. Algo tuve que hacer muy mal para haber olvidado tantas cosas, antes me reía.

Repaso la gente con la que cuento en una agenda imaginaria. ¿Con quién puedo contar realmente? Ahora sí pienso con palabras y no puedo evitar contestarme enfadada. Necesito imágenes, necesito música, necesito olores, necesito que me toquen y tocar, necesito saber que existo aunque sea incierta esta existencia... Necesito creer en alguien. Y estas necesidades tan primarias echan a perder el concierto de imágenes musicales que orquestaban mis neuronas minutos antes. Ahora estoy enfadada y mis ojos parpadean releyendo algunos nombres de aquella lista memorizada. ¿Qué será de aquella chica, de mi primera amiga de la facultad? ¿Qué será de aquella niña con pecas llamada Laura con la que jugaba en el colegio? ¿Qué será de tanta gente? Y con estas preguntas retóricas no consigo alegrarme. Estaba triste, de acuerdo, pero no es solución ponerse a buscar gente en una agenda caducada grabada en la memoria...

Paso por otro bar. Y me quedo. Necesito una cerveza o un cigarro, o ambas cosas. Suena The Gathering. Por favor, que no acabe nunca esta canción, que no acabe, que no acabe, que no acabe nunca, que no acabe... Me digo una y otra vez mientras miro al camarero para que me atienda. Y lo hace, ya lo creo que lo hace, con una sonrisa de oreja a oreja... Qué poco le cuesta hoy a la gente sonreir. Yo no podría.
Me saco un cigarro y le pido fuego por no buscar, de forma ridícula, un mechero que seguramente me habré dejado en casa. Cómo odio estas situaciones. Mientras aspiro la calada ligada al fuego de su mano respiro su perfume y le miro a los ojos: -Ponme un tubo... Un tubo me curará, ¿un tubo me curará?
Si todo fuera así de fácil sería alcohólica. Dosis extra de curación. Pero no... Nunca fue fácil vivir. No para mí. Así que la cura no será fácil. No tiene cura la vida.

Termina mi canción, la canción que no quería que terminase, y mi cerveza va por la mitad. Sí, mi cerveza va por la mitad y mi sueño por el principio... Dejo por fin mi mente en blanco y cierro los ojos. Aún los tengo cerrados. Todavía... Esperando despertar de esta ensoñación que me tiene atrapada en este relato, tecleando cada vez mas despacio mientras me duermo iluminada por la única luz de la pantalla de mi ordenador... La música se va apagando, desaparece... Silencio, ruido... Ondas alfa... Sueño. Soñar es gratis y ya estoy elevándome por encima de la ciudad volviendo al bar donde estaba atrapada con mi cerveza:-Inma, despierta!. -Y mi yo onírico y etéreo vuela a ras del suelo sacándola del bar de la mano. Sacándola a ella, a la niña triste. Mi yo soñador despega en vertical con Inma de la mano. Le enseña la ciudad bajo la lluvia fría, le enseña el cementerio, los hospitales, la gente pobre, los barrios del extrarradio, las vías del Ave y le cuenta un secreto lo suficientemente interesante como para devolverle el brillo a sus ojos. Descendemos en picado las dos: ella y yo: yo y yo... Las sábanas rozan mis pies: sus pies. Duermo...
Publicado por zaral @ 5:20 | 0 Comentarios | Enviar