sábado, 28 de julio de 2007
La tristeza de esta noche es dulce, muy dulce, como algodón de azúcar que se deshace. Hay tristeza azul, que cristaliza cada día, clavándose, y de ella he hablado muchas veces.

Pero hoy estoy triste, y mi tristeza es dulce... Es dulce y dolorosa, pero dulce. Quizás es como el sabor triste del almíbar que se derrama sobre un rollito de primavera, así es mi tristeza: dulce y agridulce... Y ahora es dulce. Rezuma por todos los poros de mi piel, dulce.

El aire está seco, humedezco mis labios y en seguida ese sabor... Ese sabor de jarabe de fresa que me sale de dentro, como sangre. Clavo mis dientes y reviento la carne roja, gelatina dulce de mis besos, que me bebo yo misma.

Sueño...
La noche es árida y contrasta conmigo, que estoy soñando...
Ya no me quedan sueños pero intento crearlos, salvar los arroyos plateados, barreras infranqueables de la felicidad, que no llega, y no la espero ya... Salvar un paisaje lunar, desierto de almas.

No quiero riqueza, quiero volar... Sobrevolarte si me dejas, atrapar tu aliento en el hueco de un árbol y meterme dentro para no tener frío. Siempre tengo frío.

Mis ojos brillan, y mi palabra es nieve en verano, se derrite, se esfuma, desaparece, callo, no soy. Pasé a ser un signo de interrogación, que expira si no respondes. Pero... ¿cual es la pregunta?

Dulce... Mi tristeza es dulce y huele a sonrisa, porque la evoco, la muerdo y sangra...







Publicado por zaral @ 6:11
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