lunes, 04 de septiembre de 2006
Sus pies largos, cubiertos con unos calcetines blancos de algodón, caminan huesudos por el largo pasillo de su casa, haciendo crujir la madera.
El sonido del teléfono.
Los pies se dirigen al sofá para coger el teléfono y al instante se mueven acompasadamente al son de la conversación jugando con la pata de la mesa. Una mano se desliza hasta el talón y acaricia después el vello, ascendiendo lentamente por el gemelo al hueco poplíteo. El murmullo ininteligible llega hasta ellos, pero están erizados y sensuales al tacto de su dueño. Parecen no entender el lenguaje verbal, pero son unos receptores únicos de las caricias de su compañera, la nudosa mano, que baja una vez más y da unos pellizcos violentos en el arco del pie: este aúlla en silencio. Ha sido un despropósito. Sumisa y pidiéndole perdón lo intenta acariciar de nuevo… Pero el pie, asustado y esquivo se acurruca bajo el culo pesado del dueño.
Una fea conversación, agitada, nerviosa,… La mano olvida su objetivo: reposa tranquila sobre un muslo. Resbala al sofá rozando el mando a distancia de la tele…
-click
Fútbol.
-¿Pero qué coño…? –piensa el dueño mientras discute por teléfono con su estúpida novia.
-Ups –piensa la mano- menuda pillada. Que no se entere de que tengo una vida propia y no soy esclava de su polla.