Ayer me pasó algo extraño y surrealista, o quizás sea lo más real y cercano a mi instinto de mamífero que me ha pasado en años gastados en actividad meramente cerebral.
Reconocí a alguien por el olfato. Me pareció muy curioso. Mi sentido de la vista no reconocía la imagen que yo estaba viendo del mismo modo que mi olfato... Era el único sentido que me hizo identificar a esa persona.
Podrían pasar veinte años, estar ciega y sorda pero sé que podría reconocer a cualquier persona en el mundo a la que me haya acercado lo suficiente.
Y como esta semana he vuelto a mi origen animal estoy olfateando y saboreando todo lo que no querré olvidar nunca.
