Sales a la calle y sólo encuentras a tu paso miradas escondidas que te olfatean. Porque hueles a eso que les gusta o porque envidian en cierto modo esos paseos al parque, donde nadie va ahora, porque temen pensar.
Pero tú no temes y paseas, con un libro bajo el brazo buscando una explanada verde donde leer y tumbarte.
Te miran, te acosan, pendientes de ti te preguntan la hora, te provocan, te sonríen... Saben tu nombre. Es siniestro salir a la calle el día en que todo el mundo te desea.
¿qué opináis?